Comunicólogo por la Universidad Autónoma de Coahuila (UadeC) y maestro en Escritura Creativa por el Centro de Estudios Universitarios San Isidro, Alfredo Castro comenta que para él la escritura no es un acto solitario, sino un entusiasmo desmedido que necesita ser compartido.
Con una trayectoria que incluye la beca del Programa de Estímulos para Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA Coahuila, 2023) y obras traducidas al inglés, el autor de Estar de paso (Iberia, 2022), De a poco lamirada se queda vacía (IMCE, 2023) y Ganador del Segundo Premio de Poesía Punto de Partida UNAM 2024 por el poemario Los abducidos (UNAM/Punto de Partida, 2024), decidió fundar un espacio de literatura para la UAdeC.
Tigre al espejo, que no es solo un taller literario; es, en palabras de su fundador, una “zona segura” donde los nuevos rostros de las letras universitarias se reconocen entre sí. Alfredo plantea este espacio como una oportunidad para la transformación simbólica de esa “camada” de “nuevos tigres” que ya comienzan a surgir en el escenario literario regional.
Las sesiones tienen lugar en Ciudad Universitaria, Unidad Laguna. Específicamente, el Salón 3 de la Infoteca León Felipe, cada viernes de 13:00 a las 15:00 horas.
En las sillas del taller coinciden estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPYS) con futuros ingenieros de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME) o de la Escuela de Sistemas. A ellos se suman algunos rostros externos que, aunque ya no pertenecen a las aulas, asisten por la necesidad de aprender y ascender en la literatura.
UNA TARDE ENTRE TIGRES
Primera sesión del año. Sobre la mesa, una ilustración de Gustave Doré parece vigilar la escena, recordándoles que la creación es, ante todo, un ascenso hacia lo desconocido.
El viaje literario comenzó con Eduardo Lizalde y su tigre real, ese “amo de los carnívoros” que encarna la belleza más cruda. La atmósfera se transformó al transitar hacia la poética de Mercedes Luna Fuentes en Elogio a la incomodidad (UAdeC, 2011), donde el cerebro y el cuerpo que ama olvidan entre “las veces que el casquillo de su amor se atascó”.
La tarde avanzó hacia el cuento que llevaba Edgar Solis, un relato surrealista-mexa que arrebató varias risas. Bajo la dinámica de “simular que el autor no está en el salón”, los presentes se entregaron a una crítica libre y aguda, diseccionando la obra mientras el autor guardaba un silencio paciente.
Cuando la última silla fue acomodada y el bullicio se disolvió en el Salón 3 de la Infoteca, el silencio cambió su peso por uno más personal.
Entre el eco de los poemas leídos y la calma de un salón que aún guardaba el calor de la discusión, Alfredo Castro se puso a desglosar los pilares de este resguardo creativo.
¿Hay algo que consideres esencial para que la comunidad universitaria sepa sobre este espacio?
Me parece que, ante todo, los estudiantes y también las personas ajenas a la universidad, se enteren y consideren al taller como un círculo de amistad, de confianza y de arte. El propósito del taller es crear un espacio para la discusión y el pensamiento, cosas que, como consecuencia, crean y fortalecen relaciones inesperadas. Me gusta pensar que el taller es una zona segura, para que estudiantes e interesados en las letras tengan la apertura de expresar sus emociones e inquietudes a partir del lenguaje escrito: de los poemas y los cuentos y lo que venga en la mente y en la pluma.
Todo proyecto cultural nace de una necesidad o un vacío. En tu caso, ¿cuál fue la chispa inicial o la carencia creativa que buscabas subsanar al fundar Tigre al espejo?
Definitivamente, fue mi entusiasmo por la poesía. Sobre todo, un entusiasmo desmedido que sentía, o que sigo sintiendo desde hace varios años. Sin embargo, en aquel tiempo, todavía no conocía personas a las cuales compartirles esa emoción y esa felicidad, por lo que en aquel 2019, me pareció buena idea juntar a un grupo de amigos para hablar de estas cosas. Supongo que, inevitablemente, las cosas crecieron y comenzaron a aparecer personas desconocidas, nuevos rostros que luego se hicieron familiares… Me parece que hoy en día es lo mismo. Siento la misma urgencia de compartir lo que amo, lo que me hace feliz y hacer nuevos amigos.
Sé que el nombre del taller nace de un poema de Eduardo Lizalde, ¿podrías profundizar más en cómo este poema lo relacionaste con la enseñanza?
Bueno, es un poema que leí a los 20 o 21 años. En ese momento no lo había relacionado y quizás hoy tampoco, con la disciplina de la enseñanza.
Cuando ese poema llegó a mí, lo único que había sentido entonces era fascinación por un poema que hablaba de la fugacidad de la belleza. La fecha para abrir el taller estaba próxima y todavía no tenía un nombre adecuado; leí este verso de Lizalde y me di cuenta entonces de que, de algún modo, representaba algo de lo que creía acerca de la creación literaria, que al crear un poema o una historia, somos como ese tigre que se mira a sí mismo en el río, y su imagen se va.
Cuéntame un poco sobre la decisión creativa de elegir cada semestre diferentes imágenes que representan el taller.
Si te refieres a los anuncios publicitarios que he realizado, simplemente procuro tomar obras pictóricas de artistas antiguos que admiro. Ahí está William Blake con su retrato de Nabucodonosor (Tate Britain, 1795), que es transformado en bestia; luego el retrato que hizo de Newton, que está desnudo, trazando algo. Son imágenes que me han inquietado desde que las conocí. De algún modo, estos valores como la transformación y la desnudez o el trazar me parece que son valores que corresponden, representan y nutren al taller. Ahora esta nueva imagen representa La ascensión de Elías (La Grande Bible de Tours, 1866) por Gustave Doré. También creo que la creación literaria es eso: ascender hacia lo desconocido y lo luminoso.
El nombre del taller evoca figuras y símbolos clásicos de la literatura.
¿De qué manera el trabajo que realizan en Tigre al espejo dialoga con la tradición literaria actual y qué nuevas voces o perspectivas aspiran a proponer? Pues creo que la poesía, a lo largo de su historia en la Tierra, ha adoptado algunos símbolos. Algunos prevalecen más que otros, y otros nos escogen a nosotros. En mi caso, creo que fue el tigre el que me fascinó. Desde el tigre de Blake hasta el de Lizalde, me gusta imaginar que esas terribles y hermosas bestias también acechan en el taller. Pero volviendo a la pregunta, pienso que el trabajo que ahí realizamos responde a las inquietudes de nuestra era. Ellos, los asistentes,mantienen siempre una literatura fresca, renovada y que no teme hablar desde un presente vertiginoso y caótico. Yo espero que ellos, muy pronto, se integren de forma más profunda en el escenario de las letras nacionales y más allá. Creo que son capaces y tienen algomuy interesante que proponer.
Más allá de la técnica literaria, ¿cuáles consideras que son los pilares fundamentales que rigen el taller y qué buscas transformar en la escritura de quienes asisten a él?
Principalmente la cordialidad y la fraternidad. Creo que el taller funciona porque todos nos reconocemos y nos respetamos como escritores y amigos. El taller perdería sentido y calidad si entrara la discordia a las sesiones. Hasta ahora no ha pasado, y ellos no creo que lo permitan. Lo que aporto en cada sesión no sonmás que sugerencias de lecturas que creo nutritivas para una perspectiva de la literatura contemporánea;modero la discusión, pero es el trabajo colectivo lo que hace que el taller sea sólido, seguro, amigable y libre.
En un entorno académico normalmente volcado hacia lo técnico o lo administrativo, ¿cuál crees que sea el papel que juega la creación literaria para la formación integral de los estudiantes de la UAdeC y por qué es vital defender estos espacios?
Un escape, o al menos eso espero, de todos esos candados que dispone la academia. No busco que el taller sea una declaración de guerra hacia el lenguaje de lo científico y académico.
Sin embargo, me importa que sirva como un espacio alterno en el que se pueda crear más desde la emoción y la belleza que desde la lógica y lo racional. Me parece, o quiero pensar, que este espacio, como otros talleres del Departamento de Difusión Cultural, ofrece una formación complementaria, creativa e intensa hacia los alumnos. Aquí aprovecho para celebrar el trabajo de la maestra Arcelia Ayup y delmaestro Juan Carlos Hernández Cruz.
Como autor de varios poemarios, ¿de qué manera ha influido tu propia búsqueda estética en la manera en que guías a otros poetas y escritores en formación?
Inevitablemente, como coordinador y también como creador, pongo sobre lamesamis inquietudes y preocupaciones respecto al arte; también mis inseguridades y prejuicios. Sin embargo, el espíritu del taller siempre ha sido libre y autónomo. Creo que todos, desde lo individual, han forjado su propia visión y su propia lectura del arte y del mundo. Tal vez a vecesme corresponde iniciar la conversación, pero casi nunca acabarla. Yo digo que el taller se acaba a las 3, pero el diálogo y las intervenciones de ellos y ellas casi siempre nos llevan mucho más lejos de esa hora.
Tras ver el crecimiento del taller, ¿hacia dónde se dirige Tigre al espejo? ¿Tienes planes de alguna antología o publicación colectiva?
Creo que el taller ha tenido cierta aceptación en la comunidad universitaria y también en la comunidad literaria de la región. No sé hacia dónde vamos. De nuevo, creo que no me toca decidirlo. Hay trabajos y lecturas muy interesantes. Ahí tienes a Lupita Trujillo, Jan Montoya y Citlaly Rodríguez, de quienes, por ahora, tenemos una muestra breve de su obra, pero también sabemos que su lectura y su comentario se extienden hacia lo inmenso y lo genial.
Otros como Chema Dinkel o como David Ramírez, cuya obra ya aparece publicada o muy próxima a publicar. También pienso en Edgar Vladimir Solis, cuya narrativa sigue inédita, pero se perfila como una promesa radiante y divertida en nuestro horizonte de letras. Todos ellos, junto con América Luna, María Arrollo, AlexMoreno, Daniel Ochun, Dan Barrón y Rita Ramírez, tienen futuros iluminados y creativos. Puedo predecir su trayectoria como próspera y afortunada. Los veo a ellos, y a los que recién se integran, como esos nuevos tigres de la próxima literatura universal.
Y sí, es muy probable tener este semestre una publicación colectiva.
