La labor docente está igualmente llamada a evolucionar. Más allá de buscar convertirse en expertos en cada tecnología emergente, ser docente en la era de la IA debe centrarse en estar capacitado para ayudar a los estudiantes a desarrollar juicio para evaluar la información que reciben, autonomía para dirigir su propio aprendizaje y la capacidad de adaptarse a un entorno donde el conocimiento cambia constantemente. La IA puede acelerar respuestas, pero la educación debe seguir formando personas capaces de hacer mejores preguntas.
Si hay algo que nos debe preocupar, ya no solo es que los estudiantes usen la IA o cometan faltas a la integridad académica con ella, sino que las instituciones continúen diseñando cursos y definiendo la integridad académica para un estudiante que ya no existe.
El futuro de la educación no dependerá de qué tan inteligente sea la tecnología o cuántas herramientas de IA integren las universidades, sino de qué tan capaces seamos de seguir formando personas que les den prioridad a las capacidades profundamente humanas.
Nota del editor: Carolina Rivas es VP de América Latina para Instructure.
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Nota original: Expansión
