
La música envuelve a la arquitectura de Casa Nava, una antigua casona ubicada en el corazón de Ciudad Lerdo.
Es la tarde de un viernes. Se escucha la sonoridad de un piano. Las notas son un paseo sobre las teclas, un retumbar de cuerdas vibrantes. En uno de los salones, Irving Rivas deja el alma frente a un Yamaha vertical. No hay hojas en el atril. La partitura de su autoría es invisible; está en su mente. Suena “Corazón de Sofía”, una pieza compuesta para su hija mayor y que a la vez refleja la pasión que el pianista siente por su instrumento.
“Hace falta más música. La música es terapéutica. Hace falta que más personas se animen a tocar instrumentos. Hace falta que los que ya toca…
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