El “impuesto rosa” es un sobreprecio aplicado a productos y servicios dirigidos a mujeres, que puede ser hasta un 17% más caro que versiones equivalentes para hombres; esto se observa mayormente en ropa, artículos de cuidado personal e higiene y otros, por ejemplo:
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Toallas sanitarias: Pueden tener precios significativamente más altos para mujeres que para hombres.
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Artículos de cuidado personal: Como jabones íntimos y champús, que a menudo son más caros para las mujeres.
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Seguros médicos: Diferentes precios para mujeres en comparación con hombres, a menudo basados en la expectativa de vida más larga de las mujeres y riesgos de salud. El precio se diferencia por hasta un 40%.
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Productos de higiene personal: Como tampones y rastrillos, que generalmente tienen precios más altos.
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Ropa: Las marcas de lujo o gama alta existen y se mantienen gracias al consumo de las mujeres (bolsas, vestidos y joyas).
Incluso las empresas también utilizan estas estrategias para encarecer productos de limpieza del hogar y electrodomésticos con el uso del color rosa.
La Profeco enfatiza que el “impuesto rosa” impacta directa e indirectamente en el bolsillo de las consumidoras y genera un mercado desigual por productos que cumplen la misma función, pero tienen solo un color distinto con costo más elevado.
Mediante la sección de Finanzas Personales de la revista, la Profeco promueve una cultura de consumo responsable para todas las mexicanas, por lo que propone priorizar la utilidad y calidad antes que el color o diseño de los productos.
Recomendaciones que establece la Profeco
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Evaluar si el producto adquirido ofrece un valor real de acuerdo a su apariencia.
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Compararlo con sus versiones neutras que usualmente tienen un costo más bajo.
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Tomar en cuenta la experiencia de otras personas que han adquirido las alternativas disponibles en el mercado de estos productos.
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Considerar la ventaja que representa para el bolsillo a corto y largo plazo.
La Profeco invita a las consumidoras a adoptar hábitos responsables que reduzcan el impacto negativo en su bolsillo y desincentiven las estrategias de mercadotecnia que reproducen desigualdades de género.
