
El sol cae a plomo sobre Torreón y Gómez Palacio. Son las tres de la tarde y el termómetro se acerca a los 40 grados. El aire parece detenido y la ciudad se mueve al ritmo del calor, que no solo agobia, sino que también activa la economía en cada esquina.
En los pasillos de los centros comerciales, las familias se detienen a preguntar por minisplits y ventiladores, comparan precios y buscan promociones. Los vendedores apenas alcanzan a reponer los aparatos en exhibición: “En esta temporada se van como pan caliente”, dice uno de ellos, mientras acomoda cajas de ventiladores portátiles. El calor convierte la compra en una urgencia, y cada aparato vendido es un alivio para un hogar lagunero.
Fuera, en las esquinas de las calles, puestos improvisados ofrecen <s…
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