Este martes, VANGUARDIA publicó que la Ciudad de Saltillo fue ubicada dentro de las diez ciudades con mayor contaminación del aire en el continente. Por supuesto, el tema de la contaminación atmosférica no es nuevo y tiene antecedentes interesantes.
Uno de los más relevantes ocurrió en el poblado de Minas de Riotinto, provincia de Huelva, en Andalucía, España. Se considera que esta localidad -que desde tiempos del Imperio Romano se dedicó a la minería- fue el escenario de la considerada como la primera manifestación en materia ambiental en la historia.
El detonador de este evento fue la contaminación provocada por el proceso de beneficio del cobre que la minera británica Rio Tinto Company Limited usó a finales del siglo XIX en ese lugar. Este proceso consistía en cubrir con leña “teleras” -término con el que se conoce a estos montículos de forma cónica de mineral con trazas de cobre- que se hacía arder continuamente por espacio de seis meses.
Esta quema al aire libre permitía recuperar de forma muy económica el metal, separándolo con gran eficiencia del azufre, aunque con devastadoras consecuencias ambientales. Era común que el paisaje de Riotinto estuviera cubierto por una densa capa de humo, con fuertes concentraciones de dióxido de azufre, que los vecinos llamaban “la manta”.
El impacto ambiental de esta actividad era tremendo. No sólo por la tala inmoderada para disponer de importantes volúmenes de leña para mantener vivo el fuego de las teleras, sino principalmente por los efectos de las emisiones contaminantes en la salud de las personas y en el entorno natural.
A pesar de que, de acuerdo con diversos estudios, hubo una importante cantidad de pérdidas humanas por respirar ese aire fuertemente contaminado, no se cuenta con un registro oficial. Esto obedece a que, de forma inconcebible, la causa del deceso era formalmente registrada como “muerte por falta de vida”.
Las partículas de ácido dispersas en el ambiente, generadas por la mezcla del dióxido de azufre liberado por la combustión y el vapor de agua presente en el ambiente, provocaron daños ambientales de consideración. El habitual hallazgo de animales silvestres muertos así como la constante sequía de árboles afectados por el exceso de acidez dibujaban un panorama preocupante.
A ello se añadió el impacto en las cosechas, que terminaban arruinadas por completo, así como la recurrente muerte de ganado, llevando a las y los habitantes al hartazgo. Esta situación provocó que agricultores y habitantes de los pueblos de la región crearan la llamada Liga Antihumista. El movimiento creció en paralelo al propio de los trabajadores de la minera, que veían continuamente afectada su salud por las emisiones, además de que no recibían pago cuando las excesivas concentraciones de humo impedían trabajar.
A la una de la tarde del 4 de febrero de 1888, una marcha convocada por la Liga Antihumista y otra más por los mineros convergieron en la plaza del Ayuntamiento de Río Tinto, reuniendo a más de diez mil personas, entre hombres, mujeres y niños. Las tensiones no tardaron en escalar, llevando a la incomprensible decisión de los guardias civiles de abrir fuego contra la multitud.
Aunque oficialmente se habló de cerca de una docena de muertos, testimonios recolectados y diversas investigaciones históricas sostienen que fueron alrededor de doscientos. De ahí que en Huelva se recuerde 1888 en la memoria colectiva como “el año de los tiros”.
Si bien no fueron satisfechas las demandas en ese momento, se estableció un importante antecedente, que se convirtió al tiempo en un referente mundial de lucha contra la contaminación y sus efectos en las personas y en el medio ambiente.
La memoria histórica es un invaluable activo para quienes desean asegurar el mejor panorama para un futuro posible.
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