En los últimos años he notado cómo la salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública, y también en la literatura. Como tema y desde un lugar desde donde se escribe. Ahora tenemos cada vez más historias con cuerpos que registran, memorias que insisten, lenguajes que se tensan al intentar decir lo que ocurre.
En ese cruce se sitúa La enfermedad séxtuple, de Romina Wainberg. Un libro que se aproxima a la experiencia de la enfermedad desde una escritura que la atraviesa; que la deja pasar por el lenguaje.
En la primera parte aparecen seis diagnósticos, uno tras otro, concatenados. La enfermedad se presenta desde esa acumulación. El sexto tiene que ver con la dificultad para dormir; la falta de sueño sostenida termina por afectar su salud mental. A partir de ese punto, el libro abre ese frente con más fuerza y lo deja resonar en el resto de la escritura.
La protagonista se llama Rosina W.; ese leve desplazamiento autoficcional abre una zona de ambigüedad. Lo que se cuenta tiene la intensidad de lo vivido y, al mismo tiempo, la conciencia de estar siendo escrito; esa doble capa recorre todo el texto.
La escritura avanza en fragmentos; cortes, retornos, escenas que se desplazan sin organizarse en una línea continua. La memoria aparece forzada, exprimida; hay momentos en los que parece doler al narrarse. Mientras leo, tengo la sensación de que el lenguaje no alcanza a estabilizar lo que ocurre; más bien lo rodea, lo presiona, lo deja en tensión.
En ese movimiento se cruzan distintos registros. Lo clínico aparece en diagnósticos, protocolos, términos que buscan fijar lo que ocurre en el cuerpo; lo íntimo se abre en escenas familiares, en vínculos afectivos, en la exposición de una vulnerabilidad que se mantiene sin suavizar; lo literario atraviesa todo mediante citas, referencias y momentos en los que la escritura se piensa a sí misma.
El libro sostiene la tensión entre esos planos; la experiencia se despliega sin cerrarse. La enfermedad se mueve entre capas; el cuerpo, la memoria y el lenguaje se afectan mutuamente. También hay una dimensión crítica que recorre el texto; las formas de nombrar el cuerpo, ciertos discursos médicos, algunas ideas sobre el amor y el sufrimiento entran en fricción con la experiencia que se narra.
Leer La enfermedad séxtuple implica entrar en ese ritmo; una escritura que vuelve, que insiste, que se detiene en sus propias preguntas. Ahí se abre algo más amplio; una manera de pensar la enfermedad y la salud mental desde la literatura como experiencia encarnada, como escritura que se produce al mismo tiempo que intenta comprender lo que atraviesa.
