Sube por las escaleras hasta llegar a la escotilla y el sol comienza a pegarle en el rostro. Tiene las manos manchadas de pintura, el semblante agotado por el calor. Ante el insufrible clima, el artista lagunero Santiago Espericueta intenta cubrirse con un sombrero y se prepara para concluir su obra ‘Ofrenda al Padre Nazas’, una pieza de arte pop hecha con pintura en aerosol sobre el techo de un gimnasio de la calle Treviño, en el centro de Torreón.
“La memoria es esa, que vuelva el Padre Nazas. Es como esta idea de que vuelva o se vuelva al origen por medio de algo que es un derecho para cualquier ser humano: el agua. Por eso metí elementos, no nada más de conciencia, sino también elementos más místicos o de conexión espiritual. También es una necesidad que todo esté conectado”.
Faltan algunos elementos por delinear, uno que otro retoque. El grafiti a gran escala, de aproximadamente 4 por 3.5 metros y cuyo avance es del 95%, es cruzado de vez en cuando por la sombra de las góndolas del teleférico. Así se pensó, como una obra destinada a verse desde arriba, como un acento pictórico entre los tejados, como un mensaje trazado en un espacio donde se le pueda dar lectura.
“Si tú preservas el río, le va bien a todos, no nada más a unos pocos […] La composición de la pieza está pensada en arte pop. Es un poco surrealista, pero sigue siendo figurativo”.
Sobre una plataforma que alguna vez sostuvo un tinaco —podría leerse como la ausencia del agua y del recipiente que intentó contenerla—, Santiago Espericueta ha colocado alrededor de 70 botes de pintura en aerosol; tonos fríos y cálidos se anuncian en sus válvulas. Desde hace tres días, el artista ha coloreado esta azotea, gracias a un proyecto comisionado por el colectivo Encuentro Ciudadano Lagunero, cuyos integrantes han abogado por el rescate y la restauración del manto acuífero ya mencionado.
Por eso, para dar forma a su mensaje, Santiago Espericueta plasmó en primera instancia la figura de un poblador originario de La Laguna. Su aparición es un homenaje a los irritilas, coahuiltecas, tobosos y todas aquellas tribus que supieron dialogar con el río Nazas y aprovechar sus recursos, en un respeto ancestral que hoy busca revivir a través de las acciones ciudadanas.
El poblador originario tiene en su cabeza un universo del que sale un pez y sostiene un corazón del que brota el río Nazas. Las frescas aguas del río caen y forman un charco del que bebe un venado. El paisaje también es poblado por plantas del desierto: las noas, los cardenches, los cactus, las yucas, junto a instrumentos como las nasas, parecen danzar en la inmovilidad de la escena.
“En el centro tenemos a un personaje que está representando a las culturas primogénitas, a los indígenas de la región, que con su conocimiento ancestral eran los que tenían esta convivencia con el río. Hoy en día hay niños que ni siquiera han visto el río jamás en el lecho seco. Entonces, estas memorias, por medio de las ofrendas o de los animales de poder, del imaginario de la cultura de lo que es el desierto —las plantas, las medicinas— quise que tuviera esta convivencia en una sola pieza”.
Pero en la parte superior abundan los colores cálidos. Aparece el astro rey, el puente naranja con el vado seco y la leyenda “Que vuelva el Padre Nazas”. Algunas gotas de lluvia se desprenden de las nubes e intentan besar el terreno. Para Espericueta, se trata de un llamado de quienes habitaron la región y de quienes continúan habitándola. Si los primeros pobladores se asentaron alrededor del río, la ausencia de este también recuerda que el ecosistema y el clima han cambiado. Lo dice el propio artista mientras el sol le quema la piel.
“Entonces, (la obra) tiene mucho fuego, como esta sensación de que se está quemando, como que no hay este alivio que trae el río. El vado es justo el lecho seco conectándose con la idea del pasado y de cómo nos gustaría que fuera en un futuro; es atemporal”, concluyó Espericueta.
El mensaje de Santiago Espericueta y de las asociaciones civiles que solicitan el retorno del río al lecho seco, justo ha sido liberado de una nasa y ahora, al encontrar escenarios en los cuales plasmarse (como los tejados bajo el teleférico), busca ser escuchado por las distintas instituciones y niveles de gobierno.
Cabe señalar que Pilar López Díaz Rivera, vocera de Encuentro Ciudadano Lagunero, indicó que fue complicado conseguir el lugar para plasmar la obra de Espericueta, ya que muchos vecinos del sector se negaron a albergarlo por temor a represalias.
“Algo que me parece importante es que a la hora de hacer la propuesta de un techo mural, hubo quien tuvo temor de que al prestar sus techos el gobierno municipal pudiera mandar vandalizar su propiedad por no ser ellos los de la iniciativa. Por otro lado, ojalá la autoridad cultural considere la posibilidad de que los artistas se puedan manifestar, en esos espacios, que para los paseantes del teleférico son gratos y atractivos distintivos de su ciudad”, comentó Díaz Rivera.
