El doctor Jesús Gerardo Sotomayor Garza, cronista oficial de Torreón, habla el idioma de la anécdota. Micrófono en mano, se dedica a conversar sobre una de las piezas musicales que han dejado huella en el palpitar identitario de La Laguna: La Filomena. Se refiere a ella con orgullo, y este orgullo le ilumina el rostro.
Junto al ingeniero Alejandro Ahumada Rodríguez, el cronista de Torreón imparte la conferencia ‘La Filomena. El entorno de los rotarios y el empuje de una recuperación’, esto en El Siglo de Torreón, en colaboración con la Secretaría de Cultura de Coahuila y en el marco del centenario de esta pieza musical.
La Filomena llegó por primera vez a Torreón el 4 de marzo de 1926. Lo hizo de la mano de una banda de música proveniente de Monterrey que participó en un congreso regional de rotarios, el cual se efectuó en el Casino de La Laguna. Esa banda acompañaba a Roberto Sada, quien buscaba la presidencia rotaria, y a José F. Ortiz, un visionario que años más tarde dirigiría el Banco de La Laguna.
Una obra de teatro fue el origen de La Filomena. Su letra original es hasta cierto punto soez y popular. El público del auditorio de El Siglo lo comprueba y queda asombrado cuando el doctor Sotomayor lee la letra teatral con la que nació la melodía.
No obstante, José F. Ortiz tuvo una visión al conocer el auge económico que Torreón vivía gracias al algodón; entonces le cambió la letra a La Filomena: ‘La Laguna tiene dinero, La Laguna tiene algodón’. Así se creó el himno lagunero, uno que el profesor José R. Mijares reescribió en 1948 y el cual ha sobrevivido hasta el siglo XXI.
En ese tenor, el cronista de Torreón hizo una invitación para que las nuevas generaciones puedan acercarse a la sonoridad de esta obra: “Todo esto nos da a nosotros qué pensar, para que se dé a conocer […] se tiene que dar, promover, divulgar más”.
DE LOS ROTARIOS AL FOXTROT
Alejandro Ahumada mira atento las diapositivas que se proyectan sobre la pared.
Inicia su exposición desde el origen de Torreón, cuando apenas era una villa a finales del siglo XIX. Habla de las principales actividades económicas que propiciaron el desarrollo de la región: la agricultura, la industria, la llegada del ferrocarril. Es entre esas páginas de la historia que se asoma el algodón como un producto pujante y que merecería a todas luces el mote de ‘oro blanco’.
Entonces, el investigador llega a los años veinte del siglo pasado. Habla de la revolución cultural que vivía el mundo y que, gracias al arte y a los teatros, envolvió también a Torreón: el bataclán, los nuevos géneros musicales como el jazz y el foxtrot.
Fue en ese contexto que La Filomena tomó popularidad.
Por eso cuando José F. Ortiz cambió su letra en 1926, muy seguramente uno que otro lagunero ya había escuchado la tonada.
Fueron más de cinco años los que Alejandro Ahumada empleó para realizar su investigación sobre La Filomena. Para ello se sumergió en la hemeroteca de esta casa editora. Asegura que El Siglo fue también uno de los impulsores del fenómeno cultural de La Filomena y destaca la labor de un distinguido rotario, don Antonio de Juambelz y Bracho, nuestro fundador.
Para Ahumada, si algo tiene La Filomena es evolución, la capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos.
Por eso es posible escucharla lo mismo en un acto oficial que en una cantina o en el estadio de futbol; La Filomena se quedó en La Laguna como cualquier migrante y en esta tierra ha dejado su descendencia.
Cada acorde de su sonoridad es un recuerdo de esos ayeres, cuando los rotarios, metafóricamente, la trajeron para bañarla con las aguas del río Nazas y colocarla en lo alto del cerro de las Noas. Felices 100 años a La Filomena.
