
Una negligencia médica durante su nacimiento prematuro le arrebató la vista. Los médicos debieron haberle puesto un antifaz, pero no lo hicieron; la retina del bebé se quemó y desprendió. Con ese mundo a oscuras, a los padres se les recomendó la música clásica para que Carlos pudiera estimularse.
“Y entre los casetes de música clásica se les escapó uno de ópera. No era algo a lo que estuvieran habituados. Y entonces vieron que esa música me llamaba la atención y de ahí se dio mi acercamiento. Mis héroes, si para un niño eran Spiderman o Superman, para mí eran los tres tenores: Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, se convirtieron en mis héroes”.
Fue así como el canto llegó a la vida del pequeño Carlos Alberto en su natal Chihuahua. “¡Voy a ser tenor!”, sol…
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