Lee un fragmento de su libro. Tiene tomado el micrófono y narra sobre la silla de ruedas que ha usado desde la infancia. Edgar Lacolz habla de su experiencia durante la pandemia de Covid-19. Su acento es cómico, a veces trágico. Cuenta que vivió la llegada del virus en Ciudad de México; la interminable urbe, al igual que el resto del mundo, enloqueció. Entonces fue momento de ir al teclado, de construir palabras que pudiesen servir de cura ante un enemigo invisible.
“Ya antes de la pandemia me interesaba mucho lo cotidiano, el registro del día a día. Y más bien creo que se ausentó con ese claustro, ponerme a hacer registro, a documentar desde la escritura”.
Fue la noche del pasado viernes 9 de enero cuando el escritor lagunero Edgar Lacolz volvió a presentar su libro Caosmosis 20.20. O de cómo estoy volviendo de donde nunca me fui (Ediciones del Olvido, 2025) en Torreón. La Tinta Cafebrería, un espacio independiente que ha abogado por la realización de eventos culturales en el corazón de La Laguna, fue el lugar elegido. El autor se acompañó de Germán Cravioto en los comentarios.
“Ya tenía textos personales, pero en este Caosmosis doy un arrastre más adentro todavía”.
El texto escrito por Lacolz resultó ganador del Premio Nacional de Crónica Carlos Monsiváis 2020. En él, desnuda párrafos, pone hojas de cabeza, experimenta explícitamente en el terreno gráfico. Va de Torreón a Ciudad de México durante un confinamiento insólito. Habla de sus amigos, de sus familiares, de quienes lo acompañaron, de quienes fallecieron.
“Siempre termina despertando cosas variadas. El mismo registro tiene momentos cómicos, trágicos, muy introspectivos, muy familiares, muy sociales (social-regional, social-nacional, social-internacional). Entonces siempre es como volver a la licuadora de ese primer semestre del 2020”.
Ver hacia dentro de sí mismo es siempre un acto de valentía. En las letras de Lacolz el acento lagunero y el chilango conviven en distintos episodios. Hay una estética que también sobresale: párrafos acostados, textos a dos columnas, páginas impresas al revés, aspectos gráficos, bitácoras. Todo ello escrito con notable honestidad, en medio de una pandemia que lo llevó a regresar a su tierra y convivir con un pasado latente; las cuarentenas son incapaces de aplacar los recuerdos.
“Fue ocurriendo ese revisitar el pasado de mi región, ese revisitar el pasado de mi familia y ese revisitarme en ese pasado”.
EL PAN DE CADA DÍA
Sobre el concepto de caosmosis, las ideas filosóficas de Félix Guattari y Gilles Deleuze inspiraron el título del libro. Se trata de la descripción sobre la consecuencia dinámica y complementaria entre el orden y el caos, ese mismo que Lacolz ha habitado toda su vida desde que sufrió el accidente que lo dejó inmóvil. En un país donde la cultura de inclusión es casi nula y las ciudades no están construidas para personas con discapacidad, el lagunero tuvo que aprender a sortearse la vida. Por eso, cuando la pandemia llegó a México, él ya tenía una experiencia de años viviendo con restricciones de movilidad.
“Es un poco el pan de cada día y un tanto la tortilla de la cotidianidad. Es importante aprender a surfear en el caos, porque no se va, no se va; se puede jugar, nos puede dar de patadas, pero también se puede cabecear, entrar, salir”.
El concepto de caomosis, recuerda, se lo compartió una amiga psicóloga, quien se lo puso sobre la mesa mientras él estaba por concluir su crónica. Pero más que vincularlo a lo filosófico, Lacolz lo ligó a lo biológico, algo más simple, para equilibrar elementos de un lugar a otro como por arte de magia.
Edgar Lacolz estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH). Ha sido librero, corrector, tallerista, audiodescriptor y promotor de lectura. Es autor de Esto no es un Lacolz (2013), Retrato esperpento (2014), Cof cof, quién es (2021) y del libro-objeto Calaca precaria (2021). También forma parte del proyecto de música experimental Zoonoros. Desde 2019 se ha vinculado a círculos de artes y “discapacidad” crítica, por ello colabora con distintos colectivos como Teatro Ciego MX y Discreantes. Reside en Ciudad de México desde 2015.
FOTOS: Ramón Sotomayor

