Le tiene un gran cariño a Torreón, pues su padre es originario de esta ciudad. También recuerda sus visitas a los estadios Moctezuma y San Isidro defendiendo el arco del Atlante. Fue en ese equipo donde Raúl Orvañanos (Ciudad de México, 1947) pasó sus mejores años como futbolista. Luego, tras retirarse, cambió las canchas por los micrófonos y cabinas de transmisión, convirtiéndose en uno de los más reconocidos narradores mexicanos del deporte que más ama.
Ante esta trayectoria, Raúl Orvañanos decidió narrar en letra impresa otro partido épico: el de su vida. Para ello comenzó a grabar de voz propia sus experiencias familiares, deportivas y periodísticas más relevantes. Luego transcribió las grabaciones a texto. Durante el proceso, Raúl Orvañanos contó con un asesor, quien lo orientó en la escritura. Así nació su primer libro: Mi vida es el futbol (Aguilar, 2026).
“Siempre he tenido un respeto por los escritores y después de este libro la tengo aún más. A mí me costó trabajo. Y me gustó tanto que valdría la pena hacer otro […] Pero todo nace de decir que llevo tantos años, ¿por qué no tener un testimonio de todo lo que he vivido y lo que me ha tocado ver”.
En el prólogo de Mi vida es el futbol, el escritor Juan Villoro escribe que la vida del futbolista está hecha de hazañas breves y de recuerdos largos. Orvañanos concuerda con esa idea: la vida profesional del futbolista es relativamente corta y sus escenas van quedando en el recuerdo de los aficionados. Es algo similar a lo que ocurre con los narradores de futbol: hay relatos que se congelan en la mente de los televidentes.
“La gente te dice: ‘¡Oye, te acuerdas de aquella narración!’. Y pues sí, también aplica”.
Entre las épicas narraciones realizadas por Raúl Orvañanos destaca el gol de Luis Hernández contra Holanda, en el mundial de Francia ‘98 y el gol de Jared Borgetti contra Italia, en el mundial de Corea-Japón 2002.
“El que me ha dado más emoción es el de Jared, cuando le hace el gol a Italia. El otro día veía yo la narración; me apareció en el celular como fantasma, pero me aparece toda la jugada y mi narración cómo va llevando por todo el campo. Me gustó muchísimo mi narración y me gustó más el gol que hace Jared, que es extraordinario. Y mi mismo grito de gol es de mucha pasión, como que por un momento dejé de ser comentarista y me volví aficionado”.
Al momento de narrar, Raúl Orvañanos no tiene un guion preparado ni tampoco elabora frases antes de meterse a la cabina. Durante su etapa como futbolista, Orvañanos fue portero, por eso cuenta con una profunda capacidad de análisis sobre el campo de juego. Todas estas circunstancias le han permitido construirse un estilo propio.
“Dicen que el portero es quien tiene una mejor panorámica de lo que es el futbol. Luego cuando me retiré y comencé a trabajar en esto, me di cuenta de que todo eso me ayudaba. Pero cambia tanto el futbol y tienes que seguir vigente. La cualidad del futbol es totalmente diferente, ya no a la época donde jugaba, échate tres años atrás y el futbol ha cambiado muchísimo”.
Pero así como ha sido reconocido por narraciones épicas, también ha sido criticado por sus errores en vivo. Raúl Orvañanos no se toma a mal esta situación, es consciente de que forman parte del juego tras los micrófonos.
“Cuando la riegas tienes que aguantarte, sobre todo en esta época de las redes sociales. Siempre platico que cuando jugaba futbol, íbamos a plazas que en aquel momento eran muy difíciles y qué te parece que te mentaban la madre tres mil o cuatro mil personas. Por eso digo que esto ya no me pega después de tantas mentadas. Pero si hay crítica y tiene razón, hay que hacerle caso”.
Además de su papel como futbolista y narrador, Orvañanos también comparte experiencias con otros protagonistas del llamado deporte más hermoso del mundo: Pelé, ‘La Tota’ Carbajal, Diego Armando Maradona, Ignacio Trelles y Hugo Sánchez.
“Tuve la gran oportunidad de jugar con Pelé, en un partido Santos (de Brasil) contra Atlante. Tuve mucha suerte ese día, tuve una gran actuación, y eso es parte de lo que marcó mi carrera. Luego tuve la oportunidad de entrevistarlo seis u ocho veces”.
Además, al cronista deportivo no le tiembla la mano al momento de hablar sobre la situación actual del futbol mexicano, a la Seleccion Nacional y la organización de la Copa del Mundo 2026. En sus páginas también hay lugar para alinear críticas y reflexiones desde la esencia de las canchas.
“Yo sólo le diría gracias, muchísimas gracias al futbol, porque me ha dado todo”.
