Sube las escaleras de la torre que conducen hacia el coro. Se detiene bajo una trampilla de la cual cae un par de cuerdas. Las estira, las suelta, las estira, las vuelve a soltar; un estridente sonido metálico se libera y lo envuelve. El cuerpo de don Armando Herrera es un vaivén en el aire, al repicar en el campanario la segunda llamada a misa de la Parroquia de la Sagrada Famila, en la colonia La Unión del poniente torreonense.
«La misa va a ser a la una y se toca la primera llamada a las doce y media. ¡Pum! Se espera uno tres o cuatro segundos y luego ya se repica treinta y tres veces, la edad de Jesucristo. Y luego ya se termina, se dejan pasar otros tres o cuatro segundos y ¡pas! Para que la gente sepa que se dio la primera. La segunda se da a las doce cuarenta y cinco. Y la tercera es a la una, nada más que el padre se retrasa en las capillas y la vengo dando como a la una diez».
Don Armando es el sacristán de la iglesia desde hace ocho años, pero presta sus servicios…
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