Sube las escaleras de la torre que conducen hacia el coro. Se detiene bajo una trampilla de la cual cae un par de cuerdas. Las estira, las suelta, las estira, las vuelve a soltar; un estridente sonido metálico se libera y lo envuelve. El cuerpo de don Armando Herrera es un vaivén en el aire, al repicar en el campanario la segunda llamada a misa de la Parroquia de la Sagrada Famila, en la colonia La Unión del poniente torreonense.
“La misa va a ser a la una y se toca la primera llamada a las doce y media. ¡Pum! Se espera uno tres o cuatro segundos y luego ya se repica treinta y tres veces, la edad de Jesucristo. Y luego ya se termina, se dejan pasar otros tres o cuatro segundos y ¡pas! Para que la gente sepa que se dio la primera. La segunda se da a las doce cuarenta y cinco. Y la tercera es a la una, nada más que el padre se retrasa en las capillas y la vengo dando como a la una diez”.
Don Armando es el sacristán de la iglesia desde hace ocho años, pero presta sus servicios desde hace veinte. Es originario de la calle Segunda de la colonia Polvorera y desde temprano aseó este templo de estilo neocolonial, barrió el atrio y preparó el altar. En el penúltimo domingo de Cuaresma, la comunidad comienza a congregarse, a buscar su lugar en las bancas y a persignarse frente al óleo monumental de la Sagrada Familia, pintado por el artista leonés de origen potosino Lázaro Zambrano.
El sacristán nació en 1961, cinco años después de que la iglesia fuese levantada. Por eso el inmueble siempre ha habitado su memoria. Mientras los músicos del coro conectan sus instrumentos, una sonrisa se revela en su rostro al recordar los tiempos del padre Jesús Santillán, quien fue párroco entre 1960 y 1988, y además de reconocer el papel de las mujeres en la congregación, fundó el Templo de la Divina Providencia en la colonia Polvorera y el Santuario del Señor de los Rayos en la colonia José R. Mijares.
“Recuerdo muy chavo que lo veíamos llegar con su sotana. Siempre andaba bien tendido, pa’ arriba y pa’ bajo. Lo veíamos y su besito en la mano. Nos daba el estirón de orejas: ‘¡Eh! ¡A misa!’. ‘¡Sí, padre!’. Muy buenos recuerdos, porque evangelizó a toda la colonia. Recuerdo a mi madre, quien siempre estuvo aquí presente”.
CATALOGADA POR el INBAL
A principios de los años cincuenta del siglo XX, la Jabonera La Unión se preparaba para celebrar sus primeras cinco décadas de existencia. Durante la preparación de los festejos, surgió entre la familia Valdés Villarreal, administradora de la empresa, la idea de construir un templo para sus trabajadores. Para ello se eligió un terreno en la esquina de las calzadas Industria y Gustavo A. Madero; y se organizaron eventos benéficos, como juegos de beisbol en el antiguo parque de la fábrica, para recaudar fondos. Por su localización geográfica, el nuevo lugar de fe sería parte de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.
Los datos históricos presentados en este reportaje provienen de artículos consultados en la hemeroteca de El Siglo de Torreón, especialmente de una serie de crónicas publicadas en los años noventa por Catalina Regalado de Ríos Zertuche, quien realizó una investigación en el marco del centenario de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Para crear la narrativa, ella revisó los libros paroquiales (donde encontró datos, testimonios, fechas), conversó con sacerdotes, constructores y personas de la propia comunidad.
Ríos Zertuche fecha la colocación de la primera piedra de la Sagrada Familia el 16 de mayo de 1954. La gerencia de la Jabonera La Unión supervisó la construcción llevada a cabo por el ingeniero Ignacio Troyo y el arquitecto Ernesto Santibáñez. En una entrevista concedida a Ríos Zertuche, el arquitecto Santibáñez compartió que, para el diseño, se basó en las iglesias tipo misión que se encuentran en Texas, construidas por los primeros jesuitas y franciscanos, con una sola torre.
Una fotografía publicada en El Siglo de Torreón muestra a una multitud de cientos de feligreses abarrotando el atrio con banderas y estandartes el 8 de enero de 1956, día en que el Templo de la Sagrada Familia fue terminado y bendecido. La crónica publicada por esta casa editora tres días después describe una memorable ceremonia religiosa encabezada por el entonces obispo de Saltillo, don Luis Guízar Barragán.
Durante la Santa Misa se contó con la participación musical de la Coral Polifónica de Guadalupe, dirigida por el profesor J. Medina Carlos, cuyos integrantes fueron acompañados al órgano por la profesora Dolores Quezada y un conjunto de cuerdas. Entre las piezas que se ejecutaron destacaron Ave María, de Roldán, y O Salutaris, de Beethoven, entre otras plegarias dedicadas a la santísima Virgen.
La Sagrada Familia fue elevada a parroquia el 28 de febrero de 1960, independizándose de la Parroquia de Nuestra Señora Guadalupe. Hoy el inmueble de 70 años forma parte del catálogo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) con el registro COA-TOR-86-22803. El reconocimiento no es sólo por su arquitectura neocolonial, sino por su valor artístico. En su interior alberga un óleo monumental pintado por Lázaro Zambrano (1914-1979), un importante artista leonés conocido por sus bodegones y por obras como ‘La fundación de León’ (1929) y ‘Testimonio pictórico del 2 de enero de 1946’, donde muestra la masacre la ocurrida en la Plaza Principal de esa ciudad guanajuatense, cuando miembros del Ejército Mexicano asesinaron a 27 simpatizantes de Carlos A. Obregón, candidato de la Unión Cívica Leonesa (UCL), quien había ganado en las urnas la gubernatura de Guanajuato.
La obra que Lázaro Zambrano entregó a Torreón está pegada a la pared del altar de la Parroquia de la Sagrada Familia. Mide 12 metros de largo por 3.5 metros de alto. Tiene la firma del autor y fue fechada en León, Guanajuato, en agosto de 1955. Su relieve pictórico muestra a la virgen María, a José y al niño Jesús en medio de un bello paisaje. Según la investigación de Ríos Zertuche, este paisaje está inspirado en la Curva del Japonés, un sitio ubicado a orillas del río Nazas, a la altura del Parque Raymundo, en Lerdo. En la escena, José ejerce el oficio de carpintero, mientras la Virgen carga al niño Jesús y este alimenta con hojas a un cordero, acto que representa la evangelización. A un costado de los protagonistas, un ánfora es el objeto principal de un guiño artístico a los representativos bodegones de Zambrano.
Esta obra, hoy deteriorada por los años, con manchas de humedad y que empieza a desprenderse en su parte superior izquierda, también fue incluida en el libro Arte mural en La Laguna, de la investigadora Idoia Leal Belausteguigoitia. En la comunidad existe el deseo de lograr su restauración.
UN CORO QUE MUESTRA SU FE

Mario Valenzuela dirige el coro de la Sagrada Familia, integrado por doce músicos. Va armado con las seis cuerdas de su guitarra, cuyas notas rasgadas armonizan las alabanzas y oraciones que los feligreses entonan durante la misa. Mario afirma que cantar en la iglesia representa para el coro una responsabilidad hacia Dios y la comunidad. Lo acompaña su esposa, Sonia Espinoza, quien comparte que su aportación es un servicio gratuito, y que lo importante es la fe que se profesa entre los distintos barrios.
En la actualidad, esta comunidad parroquial, encabezada desde agosto de 2024 por el padre Agustín Calderón, comprende la Parroquia de la Sagrada Familia, el Templo de la Divina Providencia y el Santuario del Señor de los Rayos, y a barrios como La Fe, La Unión, La Compresora, Torreón y Anexas, Morelos, Polvorera, José R. Mijares, Camilo Torres y Buenos Aires. Los feligreses, quienes han enfrentado grandes retos como la violencia por la guerra contra el narcotráfico, la pandemia por covid-19 e inundaciones, tratan de recuperar sus tradiciones más arraigadas. Una de ellas es el viacrucis viviente, la cual este año convocó a más de 40 actores, quienes el Viernes Santo representaron la Pasión de Cristo e hicieron brotar su fe entre los cerros del poniente.
