Hay ciudades donde la gastronomía no vive solo en los restaurantes, sino en la tierra, en las manos que siembran, en las recetas que se repiten en silencio y en los ingredientes que han sobrevivido al paso del tiempo.
Para la Unesco, la comida también es identidad, memoria y patrimonio cultural. Por eso existe la categoría de Ciudades Creativas de la Gastronomía, un reconocimiento que no se entrega por tener platillos famosos, sino por demostrar que la alimentación forma parte del alma del territorio: desde cómo se cultiva, cómo se enseña, cómo se conserva y cómo se transmite entre generaciones.
Solo 56 ciudades en el mundo han recibido esta distinción. En ellas, la cocina no es una moda ni una tendencia turística, es una forma de vida.
La Unesco evalúa cada cuatro años que esa relación entre territorio, cultura y alimento siga viva, protegida y conectada con su gente. Desde desiertos hasta tundras, desde valles fértiles hasta zonas marcadas por la historia, estas ciudades comparten una idea: la comida también cuenta quiénes somos.
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Tucson, Arizona

Tucson fue la primera ciudad de Estados Unidos en recibir este título. Su cocina está profundamente ligada al desierto de Sonora y a los saberes ancestrales de comunidades como la nación Tohono O'odham. El uso de ingredientes tradicionales, cultivos históricos y técnicas heredadas ha convertido su gastronomía en un símbolo de resistencia cultural, donde el alimento es memoria, identidad y comunidad.
Parma, Italia

Parma es el corazón del llamado “Valle de la Gastronomía” italiana. La Unesco reconoció su cocina no solo por productos emblemáticos como el Parmigiano Reggiano y el Prosciutto di Parma, sino por su modelo educativo y cultural: la comida se enseña, se protege y se transmite como parte de la formación social. Aquí, la gastronomía es tradición, pero también planificación, educación y futuro.
Battambang, Camboya

En Battambang, cocinar es un acto de reconstrucción cultural. Tras años de pérdida histórica, la cocina local se convirtió en una forma de preservar identidad y memoria colectiva. Sus mercados, recetas y técnicas tradicionales reflejan resiliencia, herencia y pertenencia. Por eso, en 2023, la ciudad fue integrada a la Red de Ciudades Creativas de la Unesco como símbolo de resistencia cultural a través de la comida.
Östersund, Suecia

Ubicada cerca del círculo polar ártico, Östersund construyó su identidad gastronómica desde la sostenibilidad y la conservación. Su cocina se basa en productos locales, técnicas de preservación y producción artesanal. La Unesco la reconoció como un modelo de cultura alimentaria sostenible, donde la gastronomía no solo alimenta, sino que protege el entorno y la comunidad.
