Un proyector arroja luz sobre una pantalla al interior del Archivo Municipal de Torreón. Es como si se tratara de una matrioshka: las imágenes revelan más proyecciones sobre edificios del centro de la ciudad. Son fotografías que datan de la Revolución Mexicana, las cuales el fotógrafo y artista Jesús Flores las recopiló para su pieza Torreón al Alba, la cual también se compone de un libro de poemas, actos de performance y conferencias en centros de rehabilitación y otros puntos de la región.
La conferencia impartida por Jesús Flores en el Archivo Municipal se titula ‘Morir para contarlo. Los archivos históricos como herramientas de creación’. En ella, habla de su proceso creativo y de consulta para recopilar fotografías de Hartford H. Miller, E. B. Downing, J. G. Hatton, Charles B. Waite, Winfield Scott, W. Osterfeld y José Mendoza. Además de agencias y publicaciones como Casasola, Sonora News Company, American Press Ass´ N.Y., el Directorio Comercial e Industrial 1905-1906, el Libro de Torreón 1902 y La Perla Papelería e Imprenta. Todo ello con el fin de crear Torreón al Alba, la cual es una obra beneficiada por el Sistema de Apoyos a la Creación de Proyectos Culturales del Gobierno de México.
En el proyecto de Jesús Flores, inspirado por el texto de “Las tres transformaciones”, que el filósofo Friedrich Nietzsche incluye en Así habló Zaratustra, y en el bíblico Libro de las lamentaciones, muestra a Torreón como un adicto al cristal que, desesperanzado y solitario, camina desde la Plaza de Armas hasta las vías del ferrocarril en el sector Alianza, donde en 1911 se ubicaba la antigua estación de trenes, con la intención de huir en el primer vagón que arribe.
“En 1883, en Alemania, se publica por primera vez Así habló Zaratustra, de Nietzsche. En 1883, aquí en Torreón, ponen las primeras vías del Ferrocarril Central. Torreón tiene la misma edad que el Zaratustra”.
Flores escribe en la descripción de su obra: “Torreón fue un muchacho precoz y pernicioso marcado en 1911. Apenas elevado a ciudad, se convirtió en cómplice de un crimen aún impune. Torreón enloqueció un 15 de mayo de 1911. Desde ese día jamás volvió a dormir, cambiando su rostro de manera radical. Torreón tiene la fealdad de alguien que ha vivido muy aprisa: la cara de un hombre golpeado y prematuramente envejecido que aún no se arrepiente de lo que hizo”.
“Y estoy hablando de la matanza de los chinos”, subraya Flores ante un público que ha llenado la sala del Archivo. “Yo parto de ahí para decirle a Torreón que creo que desde ahí trae el quiebre”. Son tres las partes, tres las transformaciones, tres las destrucciones en la que ha dividido a Torreón al Alba: Torreón Prendido, Torreón Psicótico y Torreón Criminal. Cada una de ellas cumple un momento en el trayecto del personaje del Torreón adicto hacia su destrucción y renacimiento.
En total, en el lapso de un año y basándose en la estética de las pinturas de René Magritte, Jesús Flores realizó nueve intervenciones públicas durante el amanecer en lugares que ahora son fantasmas de edificios como la Compañía de Tranvías Wah Yick (Juárez y Cepeda), el Hotel Ferrocarril (bulevar Revolución y calle Múzquiz), la Antigua Estación del Ferrocarril (en el sector Alianza), el Hotel Salvador (Hidalgo entre Valdez Carrillo y Zaragoza), la Plaza de Toros del Coronel Carlos González (en el sector Alianza, donde se ubican los comerciantes conocidos como ‘Los Fierreros’), el Hotel Iberia (Hidalgo y Ramos Arizpe), entre otros.
La última intervención tuvo lugar el 21 de diciembre de 2025, durante el solsticio de invierno. Jesús Flores salió a las calles del centro antes de la llegada del alba. En el momento más oscuro de la noche, cargó su cámara y una mochila donde resguardó cables, un tripié, una computadora portátil, un proyector y demás artefactos. Torreón lo acarició con su mano de sombra cuando se abrió camino sobre el asfalto y el concreto de las banquetas. Buscó el sitio elegido según su cronograma. Lo encontró sobre la avenida Hidalgo, entre las calles Valdez Carrillo y Zaragoza. Montó el equipo. Apuntó al edificio del Hotel Salvador, cuya arquitectura decimonónica apareció como un cadáver de nostalgia. El proyector reveló la figura de Venustiano Carranza, quien en 1915 pronunció un discurso en el balcón del hotel. Jesús Flores guardó silencio mientras la imagen palpitaba en luz, hasta que el trinar de las aves anunció la salida del sol.

