A las 18:30 horas bajó de la camioneta que lo trajo al Parque Victoria de Lerdo desde su natal Sapioriz. Sombrero y pantalón gris, camisa azul, cinto de piel con un caballo galopando en la hebilla. Don Guadalupe Salazar, el último integrante vivo de los Cardencheros de Sapioriz, dice tener una espina en el alma: extraña a sus compañeros, a don Fidel, a don Toño, a don Genaro.
“No me siento igual a como me sentía cuando andaba con el grupo. Ya me siento diferente, porque estaba impuesto a que andábamos tres personas, y ahora yo solo… a veces me quiero poner nervioso porque ya no es igual”.
En el marco del Día del Artesano, la dirección de Arte y Cultura de Lerdo organizan una presentación especial de don Guadalupe Salazar este jueves 19 de marzo. Sobre la calle Chihuahua se ha levantado el escenario y se instalaron sillas. Antes de que caiga la tarde, mientras los pájaros trinan al retornar a los árboles, el cardenchero continúa conversando mientras lo asaltan los recuerdos.
“Les escribí una canción ahora que se acabó el grupo, porque los echo de menos. A ver si la cantamos también”.
Don Guadalupe Salazar tiene 79 años. Dice que saberse el último cardenchero le hace perder la fe. Lo lamenta, ¿cómo no lamentarse si sus tres compañeros, con quienes recorrió todo México y pisó escenarios de Europa y Estados Unidos, han partido? No obstante, reconoce su responsabilidad como portador del canto, sabe que es su deber compartirlo para que este patrimonio del desierto lagunero resista como un mezquite en medio de una tolvanera.
“Yo solo me siento raro, más que cuando me invitan se me hace feo no venir. Yo les decía a mis hijas: ‘Me dan ganas de no ir a los eventos’. Y me dicen: ‘No, no, ¡usted tiene que seguir moviéndose!’. Y además es un compromiso que nos echamos los cardencheros, de seguir enseñando, seguir transmitiendo esto”.
El cardenchero asegura que Adriana Ríos, una alumna suya, lo acompañará durante el evento. Comparte que en Sapioriz no hay mucho interés en rescatar el canto, pero que fuera de La Laguna se han formado grupos como La Lumbrera (Veracruz), cuyos integrantes han aprendido la tradición con la intención de preservarla.
Don Lupe es querido. Lo abordan los asistentes, lo saludan, se toman fotografías con él, le comparten su admiración. Y entonces llega la hora, Guadalupe Salazar sube al escenario, despliega su voz rasposa y el canto cardenche vuelve a respirar.
