Antes de Slim, estaban General Tire, General Motors y Chrysler
Mucho antes de que Plaza Carso cambiara el paisaje de Nuevo Polanco, la zona era uno de los principales motores industriales de la Ciudad de México. Desde la década de 1930, grandes empresas instalaron ahí sus fábricas y convirtieron sus terrenos en un centro de actividad manufacturera.
La transformación comenzó en 1934, con la apertura de la planta llantera General Tire. Tres años después llegó General Motors y, en 1939, Chrysler se sumó a la actividad industrial de la zona. Durante décadas, sus instalaciones formaron parte de un corredor fabril que concentraba producción y empleos en la capital, según se lee en la historia oficial de Plaza Carso .
Pero el esplendor no duró para siempre. A mediados de los años setenta, General Tire cerró sus puertas y la industria pesada comenzó a desplazarse hacia el Estado de México y otras entidades. Mientras la actividad fabril abandonaba la capital, la CDMX se orientaba cada vez más hacia los servicios. Las fábricas perdieron actividad, las naves quedaron vacías y los terrenos cayeron en desuso.
Tras años de deterioro, los 78,000 metros cuadrados que habían albergado parte de la industria más importante de la capital se convirtieron en el punto de partida de un nuevo negocio inmobiliario para Carlos Slim.
Así construyó Carlos Slim Plaza Carso, su propio “Manhattan” en CDMX
Para quienes no recuerdan cómo era esta parte de la ciudad, basta con revisar las imágenes históricas de Google Maps. Las calles de Granada e Irrigación tenían el movimiento cotidiano de sus habitantes, con taxis irregulares, microbuses conocidos como peseros y los rieles de un antiguo tren. Ese paisaje convivía con las instalaciones industriales que fueron perdiendo actividad con los años.
La construcción de Plaza Carso comenzó en enero de 2008, con una inversión superior a 800 millones de dólares, según los reportes financieros de Inmuebles Carso . El proyecto, impulsado por Carlos Slim y el arquitecto Ricardo Legorreta, se desarrolló sobre un terreno de 78,000 metros cuadrados, equivalente a casi ocho hectáreas.
La dimensión del complejo va más allá de la superficie del terreno. En su primera etapa sumó 860,000 metros cuadrados de construcción, una cifra que considera los distintos niveles de sus edificios, incluidos los espacios subterráneos. Es decir, la superficie construida total era mucho mayor que el área que ocupa el desarrollo visto desde la calle.
Una parte importante de esa infraestructura quedó bajo tierra. El estacionamiento abarca 279,000 metros cuadrados distribuidos en cinco y seis niveles subterráneos , con capacidad para unos 9,000 vehículos. Para construirlo fue necesario excavar hasta 22 metros de profundidad y retirar cerca de un millón de metros cúbicos de tierra.
Sobre esa estructura se levantaron tres torres corporativas, edificios residenciales con cientos de departamentos y un centro comercial de tres niveles con más de 200 marcas. El conjunto también incorporó sistemas de ventilación para los sótanos, una planta generadora de agua helada y mecanismos para captar lluvia y tratar aguas residuales.
La arquitectura aportó otro elemento distintivo. El Museo Soumaya, con su fachada curva cubierta por 17,000 piezas hexagonales de aluminio, se convirtió en uno de los edificios más reconocibles del proyecto. Después llegaron el Museo Jumex, el Teatro Telcel y el Acuario Inbursa, que ampliaron la oferta cultural y de entretenimiento.
Algunas personas han comparado Plaza Carso con Manhattan por la concentración de oficinas, viviendas, tiendas, restaurantes, museos y espectáculos en una misma región. La comparación apunta a esa mezcla de negocios y actividades en una zona de la CDMX que durante décadas estuvo ligada a las fábricas, aunque la escala y las características de ambos lugares son muy distintas.
Nota original: Expansión
