Gestualidad. Cada uno de los tres movimientos del Concierto para violín de Beethoven fueron
como remolinos que estrujaron la emoción.
Ismael Estevané sostuvo el arco y el violín en sus manos; fue el solista de la noche. Acomodó el cuello, el hombro. Frotó las cuerdas para revivir a los siglos.
Las notas emergieron del instrumento y formaron un rostro invisible, el de Ludwig van Beethoven. La obra: Concierto para violín.
En medio de una tolvanera que cubrió a Torreón con su manto de polvo, la noche del pasado viernes 27 de marzo se llevó a cabo el sexto concierto de la temporada Primavera-Verano de Camerata de Coahuila en el Teatro Isauro Martínez.
Pasaron de las 20:30 horas y el maestro Ethan Eager ya estaba en el estrado.
Agitó su batuta. La partitura habló en el violín de Estevané y en los demás músicos de la orquesta.
Cada uno de los tres movimientos del Concierto para violín de Beethoven fue como remolinos que estrujaron la emoción. La técnica del concertino de Camerata aportó con su gestualidad a la partitura y fue capaz de conectar con el público presente.
Sobre este concierto, el fallecido escritor Eusebio Ruvalcaba dijo alguna vez que “por alguna extraña coincidencia, es el concierto favorito de quienes gustan de los conciertos para violín”.
Tras el intermedio, Camerata de Coahuila cerró la noche interpretando la Quinta Sinfonía de Beethoven, como un rayo musical que atravesó el teatro para viajar a otro mundo, uno habitado solamente por sonidos.
