Ingrid no sabe desde el martes de esta semana del paradero de sus hijos, un varón y una niña de 14 y 12 años, respectivamente, que su esposo Sergio Alejandro se llevó sin su autorización; con ello su cónyuge habría cumplido la amenaza de quitarle a sus vástagos, lo que se sumó una serie de actos de violencia de género que ella vivió durante 12 de sus 15 años de matrimonio.
“Desde ayer te los llevaste y hasta ahorita no los traes de vuelta”, dijo Ingrid a su marido este miércoles en un mensaje de texto, sin tener respuesta, ni de regreso a sus dos hijos, ausentes a partir del martes pasado, cuando Sergio Alejandro se los llevó y avisó en la escuela que los menores no irían a clases.
No tener a sus hijos en su domicilio conyugal de la calle París, fraccionamiento Jardines de Bellavista, municipio de Tlalnepantla, es una más de una serie de conductas agresivas.
En entrevista, Ingrid expuso su caso y planteó que durante 12 años “normalizó” los insultos, calificativos que la subestimaban como persona; vivió limitaciones económicas; violencia en el interior de una camioneta, en la cual su esposo le jaló el pelo y la golpeó en el rostro con el codo derecho. Aseguró que teme sufrir algún daño físico mayor, pues su marido posee un arma de fuego, y reiteradamente la amenazaba “te voy a quitar a los niños”.
Este año la madre de familia descubrió que, aparte del sistema de vigilancia externo de su domicilio, dentro de su casa estaban instaladas al menos 17 cámaras de video, algunas de ellas habilitadas en boquetes y rincones imperceptibles de un vistazo, pero desde las cuales era vigilada por su cónyuge dentro de su residencia. El lunes anterior encontró dos equipos más en las recámaras.
Ingrid supo entonces por qué su esposo sabía y conocía de las actividades que ella realizaba durante el día, y probablemente de sus acciones para emprender recursos legales por violencia de género.
Narró que antes de conocer a su esposo tuvo un hijo que ahora tiene 20 años, es estudiante universitario y debido a un problema de salud, requiere del pago de tratamientos y medicamentos, gastos que su marido no asume.
Desde el día cinco de febrero de 2026, Ingrid le pidió a 3 Jueces Familiares del Distrito Judicial de Tlalnepantla, Estado de México, que sacaran al agresor de su casa, les advirtió que corría peligro de muerte, que ya la había golpeado y les precisó que su esposo durante años la había amenazado con llevarse a sus hijos lejos de ella, les pidió que cancelara los pasaportes de sus hijos; pero ningún Juez la protegió, incluso el Juez Humberto García Villegas, Juez Segundo Familiar del Distrito Judicial de Tlanepantla, si bien giró oficio a la Defensa para ver que armas tenía el agresor y verificar si se las retiraría, a la vez le dijo expresamente a Ingrid que ella no estaba en peligro y que conviviera con su agresor para llegar a la paz familiar, no le importaron los golpes, no le importaron las humillaciones; luego, el Juez desacató una Suspensión dictada por una Jueza de Distrito en un juicio de amparo, y sigue sin atender todas las solicitudes de Ingrid, tan es así que hoy se niega a ordenar que busquen a los niños.
Este es un caso más de violencia vicaria y abuso de poder, que nos hace ver la urgencia de un cambio a nuestro sistema de justicia. Sergio Alejandro Zepeda, ya ha sido señalado por el otorgamiento de concesiones irregulares en la construcción del Tren Maya, es un hombre peligroso que vive fuera de la ley; hoy sus conductas están impactando a dos menores de edad, a sus hijos adolescentes y a una mujer víctima de violencia física, psicológica, sexual, vicaria, económica y patrimonial, que ante el silencio de la justicia fue separada de sus hijos y hoy no encuentra respuestas, ni consuelo. Previo al ocho de marzo, el camino de la protección de los derechos de las mujeres no parece muy alentador en el Distrito Judicial de Tlalnepantla.
