La corona de la emperatriz francesa Eugenia quedó aplastada tras el robo al Louvre en octubre, cuando los ladrones la dejaron caer durante su huida, causando daños visibles.
Aun así, el museo aseguró que está “casi intacta” y podrá restaurarse por completo. Los asaltantes sustrajeron joyas valuadas en 104 millones de dólares, pero abandonaron el tocado de diamantes de la esposa de Napoleón III. Las primeras imágenes revelan que quedó “gravemente deformada” tras ser extraída por un estrecho agujero.
La pieza conserva 56 esmeraldas y casi todos sus 1,354 diamantes. Un comité dirigido por Laurence des Cars supervisará la restauración. El atraco ocurrió el 19 de octubre mediante un ascensor mecánico instalado en un vehículo robado.
Robo relámpago sacude al Museo del Louvre
El Louvre, considerado el museo más grande y visitado del mundo, volvió a colocarse en el centro de la atención internacional tras un audaz robo ejecutado en cuestión de minutos.
Dos ladrones ingresaron tras cortar una ventana con herramientas eléctricas. Después amenazaron a los guardias, evacuaron la zona y rompieron el cristal de dos vitrinas con joyas de la realeza francesa y del periodo imperial. La fiscalía informó que permanecieron menos de cuatro minutos dentro del recinto.
Los asaltantes escaparon en dos motocicletas que los aguardaban afuera. La policía detuvo a cuatro sospechosos, presuntamente involucrados, aunque el cerebro del operativo aún no ha sido localizado.
Joyas imperiales robadas cerca de la Mona Lisa
Según las autoridades, los ladrones se llevaron siete objetos —entre diademas, collares, pendientes y broches— que siguen desaparecidos. Las piezas pertenecieron a figuras como la emperatriz María Luisa, la reina Hortensia y Eugenia.

El asalto ocurrió en una galería cercana a obras icónicas como la Mona Lisa. La banda incluso intentó incendiar su vehículo afuera, pero un empleado del museo lo impidió, frustrando parte de su huida.
Expertos explican que estos grupos no buscan pinturas famosas imposibles de vender. Prefieren joyas, que pueden desmontarse fácilmente y convertirse en efectivo. Aunque pierdan valor histórico, diamantes y coronas siguen siendo altamente rentables.
