“Más allá de reflejar el mundo, el arte busca transformarlo”: Alonso Licerio.
Un pionero de la gráfica y la reflexión sobre el tiempo, el espacio social y la naturaleza; charlar con Alonso es como abrir un libro lleno de imágenes, de anécdotas, de pasión por el quehacer y la enseñanza del arte.
Escuchar parte de su historia resulta una aventura fascinante, como el simple hecho de conocer y reconocer su huella pictórica, especialmente en la elaboración de grabados, así también su papel como formador de artistas en esta, nuestra yerma región lagunera.
Numerosas publicaciones recrean el paso del creador por la plástica del desierto, su crucial influencia en las nuevas generaciones, partiendo de una inspiración y un trabajo que desarrolló a edad temprana.
El creador Alonso Licerio se interesó muy joven por el arte del grabado y ha traído desde la bulliciosa Ciudad de México las inquietudes y propuestas legítimas de alguien que creció entre la inquietud de hacer arte y la convicción de dar voz a los más desposeídos, entre la pasión y el poder que procuran la expresión a través de buriles y gubias, sobre metal, linóleo y tinta, creando un diálogo necesario y emergente a la vez.
Se trata de la reflexión poética que incita a dar continuidad a las semillas sembradas en la aridez cultural y geológica de un espacio que clama por ver florecer su lugar en el mundo.
Este poeta de la plástica ha creado los vínculos que eslabonan el antes y el después de una palpitante legión de creadores que anhelan plasmar la vida que a ratos se oculta ante la mirada del cotidiano quehacer de las desgastadas calles y sus habituales transeúntes que sin saberlo se ven alcanzados por el aura y la conciencia del artista, que a hurtadillas plasma sus siluetas, poniendo en evidencia el alma que palpita en la naturaleza, en el trabajo de la gente, en los objetos olvidados y las historias que en ellos se representan.
El artista nos cuenta sobre su formación en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda del INBAL. Transcurría la década de los años sesenta cuando el movimiento plástico de los muralistas y artistas de esa época tenía gran influencia en los estudiantes de arte; entre ellos cabe mencionar a José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Aurora Reyes, Aurora Rabel y artistas como Frida Kahlo, Rufino Tamayo y Miguel Covarrubias, entre otras figuras que marcaron un antes y un después en la creación plástica nacional.
Mientras tanto, Licerio iba construyendo lazos con artistas originarios de la Comarca como Nazario Simón Zárate, Hugo Presa Castruita y José Luis Torres González, quienes junto con él se convirtieron en los precursores de las artes plásticas en ésta región, quienes compartían una visión social de la práctica artística y su impacto en el futuro de la gráfica local tuvieron un importante papel la apreciación artística y desarrollo cultural de una joven región que siempre se ha caracterizado por avanzar en condiciones agrestes tanto en lo climático, como en lo político.
El artista nos comparte los recuerdos vividos con artistas de otras disciplinas, aspecto relevante en su formación, entre los que destacan Amparo Ochoa, reconocida cantante de música mexicana, y Amalia Hernández, quien hoy en día dirige el grupo de danza folclórica más notable de México. También nos habla de su admiración por el artista plástico Enrique Poblador, nativo de la Ciudad de México que luego se estableció en Torreón, quien tuvo un papel muy importante en el desarrollo del arte local. Sobre Fanny Rabel, recuerda que, en aquel emblemático año de 1968, se pronunció por una vida más justa para los creadores de arte, proponiendo la inclusión de todos en la Seguridad Social, propuesta que no llegó a tener eco.
Alonso vivió en carne propia el trágico episodio de la masacre de estudiantes en Tlatelolco, experiencia que marcó de manera definitiva su conciencia social e histórica, afirmando sus convicciones relacionadas con su trabajo creativo.
Nos relata cómo, estando en cautiverio por aquella rebelión, los estudiantes se organizaban para hacer círculos de estudio en prisión, proclamando así un modo creativo de libertad.
El maestro Licerio se define como un trabajador de la cultura, creador, perteneciente a una generación de ruptura, en donde, desde su perspectiva y experiencia, los elementos más importantes para contribuir al enriquecimiento del mundo de las artes son: La formación, una postura ideológica y el talento; considera que su arte está en consonancia con su forma de ver y estar en la vida, entre la magia poética y la materia Para hacerle un merecido homenaje al artista lagunero y a sus compañeros, los precursores de la plástica regional, el próximo 26 de enero nos daremos cita en el atrio de la Plaza Cuatro Caminos a las 7:00 PM.
